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Historia

Una misión encomendada y mil acciones realizadas

Más de 160 años de historia...

El Carisma dado por Dios a Alfonsa Cavín y a sus sucesoras nos ha hecho una “familia”, que ha ido creciendo como el pequeño grano de mostaza del Evangelio. En esta dilatada historia de 162 años ha vivido en escucha atenta a las llamadas del Espíritu que se nos muestra en las múltiples necesidades de nuestros hermanos/as y que nos impulsan a los diferentes compromisos de misión según los lugares y épocas.

Todavía en vida de Alfonsa este compromiso es una respuesta al grito de la mujer excluida de toda oportunidad de ser y de crecer. En las diez fundaciones que ella realiza se educan las niñas pobres y huérfanas, se atiende a las ancianas y enfermos y se organizan las escuelas dominicales para promocionar a las jóvenes que venían a la ciudad a ejercer el servicio doméstico.

En el devenir de su historia se destacan momentos heroicos como las ocasiones en que las hermanas ofrecen una ayuda arriesgada a los enfermos de cólera que por 4ª vez consecutiva se declara en Cataluña. Un hecho histórico que ha marcado muy especialmente nuestras respuestas de misión y la conciencia de “ser misioneras” ha sido el asumir el destino de Guinea Ecuatorial en un momento -1885- en que el campo de acción de la mujer y más aún si es religiosa, es muy limitado.

El entonces general de los Claretianos, P. Xifré , solicita la colaboración de las Religiosas para que la obra de evangelización que han emprendido en Guinea, pueda arraigar con cierta consistencia; para ello ve imprescindible la educación y promoción de la mujer en todos los aspectos. Llama a la puerta de varios conventos solicitando ayuda, pero ningún Instituto femenino puede asumir esta responsabilidad.

Valentina Vigo, Superiora General de las Concepcionistas en ese momento, hace una tímida propuesta a las Hermanas y sucede lo inexplicable: todas, incuso las ancianas se ofrecen para ir a esas misiones. El “sí” generoso y fecundo de las cinco Hermanas Concepcionistas que asumen este riesgo las convierte en las primeras misioneras españolas en pisar suelo africano.

El ejemplo de Alfonsa Cavin está aún reciente: deja su patria y todo lo suyo para dar una respuesta evangélica a una necesidad urgente de un lugar y de una época. Es la primera célula misionera que comienza a desplegarse. Le sigue la expansión por Ceuta, Andalucía, Navarra, Aragón, Argentina, Italia, Venezuela, Liberia, Colombia, Ghana, Togo, México, Cameroun…

La disponibilidad y apertura características del Carisma inicial llegan a su plenitud en las más variadas realizaciones según las necesidades que van surgiendo. Arraigadas en la tarea de educar y curar a quienes sufren en su cuerpo la enfermedad, o la soledad en su espíritu estamos atentas para responder con fidelidad allí donde nos urge nuestra intuición misionera. Hacemos el camino, siendo solidarias con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, para transformar el escenario de la historia en Reino de Dios.

En la vivencia de la misión hemos ido dejando sembrada parte de nuestra vida, algunas de modo callado; otras de modo heroico: Milagros Roca y Natividad Comerma, asesinadas en 1936, víctimas del sectarismo del momento. En 1980, Lucia Peñacoba muere en acto de servicio en las aguas del Pacífico al intentar socorrer a las víctimas del terremoto de Tumaco en Colombia; Luz Marina Valencia, asesinada en México en 1987 por el “delito” de anunciar el evangelio y negarse a las propuestas de sus asesinos, poderosos caciques de la localidad.

El desarrollo de la Misión recibida y la vida entregada día a día nos ha ido configurando en un estilo de vida que nos caracteriza como familia MIC.